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Alvin Roth y la moral del mercado: órganos, vientres de alquiler y otras repugnancias

Pablo Paniagua
13 de agosto, 2026

Título libro: Moral Economics: From Prostitution to Organ Sales, What Controversial Transactions Reveal About How Markets Work
Autor: Alvin E. Roth
Año: 2026
Editorial: Basic Venture
Nº páginas: 368

 
Hay mercados que utilizamos sin pensar demasiado en ellos, pero hay ciertas transacciones que provocan un rechazo casi inmediato. Pagar por sexo, contratar una gestación subrogada, comprar drogas o compensar a una persona por órganos despiertan objeciones que van mucho más allá de la economía y la eficiencia. Frente a estas «transacciones repugnantes» aparecen palabras como dignidad, explotación, vulnerabilidad y justicia. En su nuevo libro Moral Economics: What Controversial Transactions Reveal About How Markets Work, el economista y Premio Nobel Alvin Roth se interna en este territorio incómodo de los «mercados repugnantes», en donde las transacciones chocan con nuestras intuiciones morales. Su tesis central es sencilla pero provocadora: cuando no podemos ponernos de acuerdo sobre lo correcto y lo incorrecto de los mercados, estas transacciones no desaparecen como por arte de magia y las decisiones difíciles no se esfuman, sino que se esconden detrás de nuestros prejuicios moralizantes, por lo que tenemos que tomar en serio los trade-offs (o disyuntivas) que acarrea prohibir dichos mercados.

Alvin Roth no es un defensor ingenuo del laissez-faire ni sostiene que todo deba estar a la venta (Michael Sandel puede dormir tranquilo). Su posición es de sentido común y pragmática, ya que comprende que los mercados no son fuerzas naturales que operan por sí solas. Los mercados, argumenta Roth, son artefactos humanos: instituciones diseñadas mediante reglas, permisos, restricciones, mecanismos de asignación y formas de protección y regulaciones que guían y fijan su funcionamiento. Estos pueden funcionar bien o mal, ser legales o clandestinos, seguros o peligrosos, pero esto depende de las reglas con las cuales se diseñan o prohíben. Recordemos que Roth ganó el Premio Nobel de Economía en el 2012 por las ideas de «diseñar mercados» para mejorar el bienestar social.

Este enfoque permite comprender lo que Roth denomina «transacciones repugnantes»: intercambios que algunas personas desean realizar voluntariamente, pero que otras creen que no deberían permitirse por motivos morales, éticos o religiosos. La repugnancia, en este sentido, designa un conflicto social-ético acerca de los límites de lo intercambiable entre aquellos que desean permutar y aquellos que desean impedirlo. Dichos límites, además, no son universales ni permanentes, sino que cambian con el tiempo en función de la tecnología y el clima de opinión. En este libro Roth nos muestra como muchas actividades aceptadas en una sociedad pueden estar prohibidas en otra, y prácticas antes consideradas inmorales —como cobrar intereses o las relaciones entre personas del mismo sexo— pueden terminar normalizándose. De esta forma, las fronteras morales de los mercados no son fijas ni escritas en piedra, sino que son históricas, variables y disputadas.

La virtud del nuevo libro de Roth es obligarnos a mirar las prohibiciones con el mismo rigor crítico que aplicamos a los mercados; algo así como una forma de simetría analítica aplicada a los argumentos de los moralizadores y prohibicionistas. Pues, prohibir una transacción no garantiza que esta desaparezca. Cuando existe una demanda persistente y participantes dispuestos a intercambiar, la actividad puede desplazarse hacia mercados negros, donde hay menos información, menores salvaguardas y escasa rendición de cuentas. Así las cosas, la prohibición puede resultar mucho peor que un mercado regulado. Por eso la pregunta responsable no es si una transacción nos parece moralmente desagradable, sino qué consecuencias produce permitirla, regularla o prohibirla. Es decir, tomarnos en serio el trade-off moral y los costos de las prohibiciones.

Los trade-offs no son solo económicos, sino que también son morales: prohibir la venta de órganos puede proteger a personas vulnerables frente a la coerción, la explotación o la mercantilización del cuerpo; pero dicha prohibición también restringe la oferta disponible y puede condenar a miles a morir mientras esperan un trasplante que nunca llegará. Prohibir también constituye una decisión moral: quienes defienden la prohibición suelen presentar su posición como si «preservara la dignidad humana sin costo alguno», pero Roth nos obliga a reconocer que impedir un mercado puede salvar a algunas personas de posibles abusos y, al mismo tiempo, privar a muchas otras de la oportunidad de seguir viviendo. La verdadera comparación, entonces, no es entre un mercado imperfecto y un mundo ideal sin explotación, sino entre arreglos institucionales reales, cada uno de los cuales genera beneficios, riesgos, víctimas y costos de oportunidad. Roth nos invita entonces, a no caer en la «falacia moral del nirvana» (ver aquí). Prohibir, a ratos, también mata; no de manera directa ni deliberada, pero sí mediante la escasez que la prohibición contribuye a mantener y quizás a exacerbar. Por ejemplo, se estima que un mercado regulado de riñones podría contribuir a evitar cientos de miles de muertes al año. Un estudio estima que la expansión de los trasplantes de riñón podría prevenir 290.000 muertes anuales en un escenario conservador y hasta 1,02 millones en un escenario optimista (Zambeli-Ljepović et al., 2025). Mantener una prohibición implica aceptar sus consecuencias, del mismo modo que liberalizar un mercado implica asumir riesgos de coerción, desigualdad y abuso

Aquí está la clave de la «economía moral» de Roth. No se trata de afirmar que la eficiencia y los mercados tengan que imponerse sobre todos los valores morales, sino que de reconocer de forma abierta que los valores entran en conflicto y que todo tiene costos, daños y beneficios, y que hay que ser explícitos y razonables de cara a estos para tratar de encontrar una solución que minimice el daño social. Proteger a personas vulnerables de ciertos mercados como la prostitución, la venta de órganos y la maternidad subrogada puede reducir su libertad de elección, afectando su bienestar y afectando a familias y pacientes (i.e., hijos que no pueden nacer, familias que no pueden ser felices, pacientes que no reciben órganos vitales, etc.); permitir una transacción puede aumentar la oferta y salvar vidas, pero también puede crear nuevas formas de presión y de explotación; prohibir ciertos mercados puede expresar un ideal moral, pero puede empujar dichas actividades hacia la clandestinidad empeorando las cosas. En síntesis, Roth nos señala de que no existe una solución moralmente pura, y que debemos probar con buenas regulaciones y con mercados para tener más evidencia empírica respecto a sus potenciales costos y beneficios.

La sugerencia que da Roth a estos dilemas es el diseño prudente y gradual de los mercados: experimentar, crear pequeños mercados con reglas, luego observar resultados y ajustar las reglas. Entre la prohibición total y el laissez-faire hay un amplio espacio institucional para crear mercados regulados teniendo en consideración problemas de explotación y de asimetrías del poder. Se pueden establecer licencias, controles médicos, períodos de reflexión, compensaciones reguladas, límites de edad, mecanismos contra la coerción y garantías de seguimiento-monitoreo. En vez de decidir entre permitirlo todo o prohibirlo todo, podemos diseñar mercados acotados que amplíen las posibilidades de intercambio mientras reduzcan los daños y al mismo tiempo nos generen evidencia empírica de los reales costos morales de algunos mercados como el vientre de alquiler y la venta de órganos. El objetivo del «diseño de mercados» no es eliminar la moralidad para reemplazarla por precios, sino construir instituciones capaces de reconciliar, hasta donde sea posible, la libertad de las personas con la protección de quienes pueden resultar vulnerables, tratando de balancear los trade-offs entre mercados e intuiciones morales, de manera que minimicemos los costos y daños.

Moral Economics es, por tanto, una defensa de los mercados, pero de mercados éticamente reflexivos, cuidadosamente diseñados y abiertos al aprendizaje. Roth reconoce que la moralidad condiciona lo que una sociedad está dispuesta a intercambiar, pero también que las intuiciones morales no deberían eximirnos de estudiar las reales consecuencias de la prohibición y de hacernos cargo de sus costos. Su contribución es recordarnos que rechazar el lenguaje de los trade-offs y reemplazarlo por discursos buenistas no elimina los dilemas: únicamente los vuelve menos visibles y, potencialmente, más nocivos. Allí donde hay vidas, libertades y vulnerabilidades en juego, la responsabilidad moral comienza al comparar honestamente los costos de todas las alternativas, incluido el costo de prohibir o no hacer nada.