
(Bill) Gates releva que se debe priorizar la adaptación climática y el desarrollo humano y enfocar los esfuerzos en los más pobres, para quienes la amenaza climática no es un peligro de primer orden. En la misma línea, el Papa León XIV señala que «los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores del cambio climático, la deforestación y la contaminación».
Presentación
Más de cincuenta años han pasado desde la Cumbre de la Tierra o Conferencia de Estocolmo (Suecia, 1972), el primer gran foro sobre el medio ambiente y uno de los hitos más relevantes para el desarrollo de las políticas ambientales.
En el mismo orden de ideas, la preocupación por el cambio climático es de antigua data. En efecto, hacia 1988 el calentamiento global y la destrucción de la capa de Ozono comenzaron a adquirir relevancia en el plano internacional y se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus sigla en inglés). En 1994, entró en vigor la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y, al año siguiente, se celebró en Berlín la primera Conferencia de Partes (COP). Otro hito relevante fue el Protocolo de Kioto (1997), cuyo objetivo fue reducir las emisiones de dióxido de carbono de los países industrializados en al menos un 5% respecto de los niveles de 1990 entre los años 2008 a 2012.
En noviembre de 2016 entró en vigor el Acuerdo de París, adoptado por 196 países, cuyo objetivo principal fue limitar el calentamiento mundial a 1,5 grados centígrados, lo que obligó a los países a fijar metas ambiciosas para poder hacer frente al cambio climático y adaptarse a sus efectos.
El 22 de noviembre del año pasado, Brasil fue sede de la COP 30, conferencia sobre el clima que concluyó con un acuerdo en el que se pidió triplicar el financiamiento destinado a los países en vías de desarrollo a fin de proteger a sus poblaciones crecientes de los efectos de la «crisis climática», así como intensificar el apoyo a los trabajadores y a las comunidades en la transición energética.
Poco antes de esta cumbre mundial, Bill Gates quien ha invertido miles de millones en el desarrollo y promoción de tecnologías limpias, escribió diversas reflexiones sobre, la que algunos llaman, «la emergencia climática».
Las expectativas de Gates se cumplieron bastante, ya que no se puede desconocer que las declaraciones del Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, fueron en esa línea, sin embargo, en este trabajo sostenemos que debemos realizar un «viraje de timón» aún más brusco y retomar ciertos principios esenciales de la protección ambiental, que están íntimamente ligados a la forma en la que el mundo combate el cambio climático.
Más allá de las palabras de Gates: «El brusco viraje de timón»
Bill Gates escribía en octubre del año pasado que era hora de poner el bienestar humano en el centro de las estrategias climáticas, destacando que existía una visión «apocalíptica» del cambio climático que, lamentablemente, ha provocado que la comunidad climática se concentre demasiado en los objetivos a corto plazo, olvidándose de adoptar medidas y priorizar los recursos en mejorar la calidad de vida de las personas que habitan este mundo en calentamiento.
Gates, toca un punto central en cualquier discusión sobre medio ambiente: ¿Por qué proteger el entorno? La respuesta, desde luego, es porque permite el desarrollo de la vida humana y de los demás seres vivos.
Sin duda, la nueva aproximación de Gates al cambio climático ha desatado pasiones. Aquellos que niegan la existencia del cambio climático han pasado de ser detractores a admiradores y, por otro lado, hay quienes lo han tildado de traidor a sus ideas. Sin embargo, Gates no transita desde una postura proteccionista a una negacionista, sino que solo releva lo que debiera ser evidente: priorizar la adaptación climática y el desarrollo humano y enfocar los esfuerzos en los más pobres, para quienes esta amenaza no es un peligro de primer orden.
En la presentación nos referíamos a la Conferencia de Estocolmo, que dicho sea de paso, el 16 de junio de 1972, adoptó una Declaración sobre la que resulta clave volver a la luz de las recientes palabras de Gates. En Estocolmo los países expresaron que «El hombre es a la vez obra y artífice del medio ambiente que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral social y espiritualmente»[1], agregando que «millones de personas siguen viviendo muy por debajo de los niveles mínimos necesarios para una existencia humana decorosa, privadas de alimentación y vestido, de vivienda y educación, de sanidad e higiene adecuadas. Por ello, los países en desarrollo deben dirigir sus esfuerzos hacia el desarrollo, teniendo presente sus prioridades y la necesidad de salvaguardar y mejorar el medio ambiente. Con el mismo fin, los países industrializados deben esforzarse por reducir la distancia que los separa de los países en desarrollo. En los países industrializados, los problemas ambientales están generalmente relacionados con la industrialización y el desarrollo tecnológico».[2]
Como podemos apreciar, hace más de cinco décadas el panorama estaba bastante claro, la protección y mejoramiento del medio ambiente era una cuestión fundamental, pero como decía lo proclamado en Estocolmo, lo era en cuanto afectaba el bienestar de los pueblos y el desarrollo económico en el mundo.
Hemos titulado este trabajo, Volver a los orígenes, precisamente, porque el sello de la primera gran conferencia ambiental estaba centrado en el bienestar humano y es, justamente, lo que postula Gates que se debe hacer, cuando dice que se debe priorizar la calidad de vida de las personas.
«Volver a los orígenes supone poner nuevamente al ser humano en el centro de la preocupación ambiental, tal como se hiciera en Estocolmo en 1972 y, desde allí, retomar con fuerza el combate y adaptación al cambio climático, no perdiendo jamás de vista el desarrollo sustentable y el interés de las futuras generaciones de heredar un entorno sano o mejor que el que nosotros recibimos»
A mayor abundamiento, los Principios de Estocolmo son todavía más claros. El primero de ellos, por ejemplo, establece que «El hombre tiene derecho fundamental a la libertad, la igualdad y el disfrute de condiciones de vida adecuadas en un medio ambiente de calidad tal que le permita llevar una vida digna y gozar de bienestar, y tiene la solemne obligación de proteger y mejorar el medio ambiente para las generaciones presentes y futuras»[3]. El principio 14, en tanto, dispone que «La planificación racional constituye un instrumento indispensable para conciliar las diferencias que puedan surgir entre las exigencias del desarrollo y la necesidad de proteger y mejorar el medio ambiente».[4]
Legítimamente podría el lector preguntarse: ¿qué relación tiene la protección y mejoramiento del medio ambiente con el cambio climático? Y la respuesta es que estos conceptos están intrínsecamente ligados, toda vez que el cambio climático es una consecuencia directa de la degradación ambiental.
El problema radica en que si esto es así, la protección ambiental debería llegar a tal estándar que el entorno debería permanecer prístino, de modo que logremos mitigar y adaptarnos de mejor forma a los efectos del cambio climático. Pues bien, aquí reside la importancia de volver sobre lo proclamado en Estocolmo, en el sentido de que el ser humano tiene derecho a «un medio ambiente de calidad tal que le permita llevar una vida digna y gozar de bienestar», pues sin un adecuado equilibrio entre desarrollo y protección ambiental esto no es posible. No se trata de retroceder en lo avanzado, sino que más bien de un ejercicio de recodar el pasado y volver a poner el énfasis donde es debido.
Incluso, la doctrina de la Iglesia católica ha profundizado en la cuestión, señalando el Papa León XIV que, «En un mundo en el que los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores del cambio climático, la deforestación y la contaminación, el cuidado de la creación se convierte en una cuestión de fe y de humanidad».[5]
Otra cosa que resulta interesante, tiene relación con la innovación. Dice Gates que en los veinte años que estudió el calentamiento global, invirtió miles de millones en innovaciones para reducirlo, agregando que contribuyó a acelerar el despliegue de las energías limpias. Ciertamente, este es el camino que el mundo debe seguir y es que en la inversión en tecnología descansa la clave para hacer frente a los efectos adversos del cambio climático. Ejemplos en la materia hay de sobra: sistemas de riego inteligentes (que permiten optimizar el consumo de agua de la agricultura); la masificación de los vehículos eléctricos; el desarrollo de plantas genéticamente modificadas para almacenar más dióxido de carbono, etc.
Discutir sobre la existencia o no del cambio climático es estéril. Durante años el foco principal estuvo puesto en combatir el cambio climático mediante la reducción de emisiones, pero hoy resulta evidente que también debemos avanzar con la misma fuerza hacia la adaptación. El clima ya está cambiando y sus efectos se manifiestan en sequías más intensas, eventos extremos y transformaciones en los ecosistemas. Por eso, además de mitigar, debemos prepararnos para vivir en un entorno diferente: fortalecer la resiliencia de nuestras comunidades, modernizar la infraestructura, gestionar mejor el agua y planificar ciudades capaces de resistir nuevas condiciones. Adaptarse es asegurar que nuestras sociedades sigan avanzando pese a un escenario ambiental y climático cada vez más desafiante.
En definitiva, las reflexiones de Gates pueden resumirse en la necesidad de pasar del desolador «¿Cómo se atreven?» de Greta Thunberg a la esperanza y las soluciones, con especial necesidad de poner el foco donde corresponde: en el ser humano y su bienestar.
«En definitiva, las reflexiones de Gates pueden resumirse en la necesidad de pasar del desolador “¿Cómo se atreven?” de Greta Thunberg a la esperanza y las soluciones, con especial necesidad de poner el foco donde corresponde: en el ser humano y su bienestar»
Reflexiones finales
Como corolario de lo expuesto, nos parece importante reforzar especialmente algunos aspectos:
– Las palabras de Bill Gates en materia de cambio climático son particularmente oportunas y deben llevarnos a reforzar la convicción de proteger el medio ambiente, en tanto es el espacio en el que éste y los demás seres vivos pueden desarrollar su vida.
– El cuidado y protección del medio ambiente (incluidas las acciones para enfrentar el cambio climático), no tienen sentido si el foco no reposa en el beneficio de las personas, especialmente los más pobres. Son ellos los más expuestos y los más olvidados.
– Debemos superar la visión apocalíptica del cambio climático, reemplazándola por otra que sea más esperanzadora, en la que la tecnología y la innovación sean las grandes herramientas para hacer frente al problema.
– Adaptarnos a los cambios es el gran desafío y es ahí donde deben radicarse los esfuerzos individuales y de los países en conjunto.
– Finalmente, Volver a los orígenes supone poner nuevamente al ser humano en el centro de la preocupación ambiental, tal como se hiciera en Estocolmo en 1972 y, desde allí, retomar con fuerza el combate y adaptación al cambio climático, no perdiendo jamás de vista el desarrollo sustentable y el interés de las futuras generaciones de heredar un entorno sano o mejor que el que nosotros recibimos.
[1] Naciones Unidas. (1972). Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano. Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. https://www.un.org
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Vatican News. (2025, 2 de julio). Papa: Acción urgente por la justicia ambiental. La creación no es un campo de batalla. Vatican News. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-07/papa-accion-urgente-por-la-justicia-ambiental-y-la-creacion.html