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Linda May Han Oh: Strange Heavens

Madurez y expansión creativa

Roberto Barahona
Á. N.16.

 
Linda May Han Oh
Strange Heavens
Biophilia Records
2025

 
La contrabajista y compositora Linda May Han Oh, reconocida como una de las voces más influyentes del jazz actual, presenta Strange Heavens, su nuevo trabajo discográfico. En este lanzamiento, Oh combina rigor técnico y libertad expresiva para ofrecer una propuesta que refleja tanto su identidad artística como su permanente búsqueda de innovación dentro del género.

 

Lejos de ser un gesto de nostalgia, Strange Heavens recupera el formato de trío sin instrumento de acordes que marcó su debut de 2009 (Entry), pero lo hace desde la distancia recorrida, desde la madurez creativa y vital acumulada en casi dos décadas de trayectoria. En el primer disco la acompañaban Ambrose Akinmusire en trompeta y Obed Calvaire en batería. Hoy, Akinmusire vuelve a estar a su lado, junto a Tyshawn Sorey, un colaborador cercano con quien Linda comparte el núcleo rítmico del celebrado trío de Vijay Iyer.

 

«La contrabajista y compositora Linda May Han Oh, reconocida como una de las voces más influyentes del jazz actual, presenta Strange Heavens, su nuevo trabajo discográfico»

 

El resultado no es un «retorno», sino una expansión: una travesía que reafirma cuánto han crecido estos tres músicos desde que eran jóvenes promesas hasta convertirse en voces ineludibles de la música contemporánea.

La fórmula de bajo, trompeta y batería puede parecer austera, pero en manos de Oh, Akinmusire y Sorey se convierte en una herramienta de posibilidades infinitas. La ausencia de un instrumento armónico tradicional no es carencia, sino espacio abierto: obliga a los tres intérpretes a sostener y renovar constantemente la arquitectura de cada pieza.

 

Oh lo explica con sencillez: «Tocar en tríos sin acordes es estimulante porque me da libertad al improvisar, pero también la responsabilidad de que cada línea tenga claridad, de que la historia esté siendo contada». Esa responsabilidad se extiende más allá de lo musical. Convertida en madre en los últimos años, Linda proyecta sobre este trabajo sus inquietudes y sus esperanzas para el futuro de su hijo, Nilo. Lo mismo han hecho sus compañeros: tanto Akinmusire como Sorey han pasado también por la experiencia de la paternidad. El álbum está atravesado, por tanto, por una energía vitalista que mira hacia adelante, con la conciencia de que la creación artística también puede ser una forma de legar un mundo más habitable.

 

La química entre los tres se percibe de inmediato. Oh despliega un contrabajo capaz de oscilar entre la raíz rítmica y la invención melódica. Sorey, quien en 2024 recibió el Premio Pulitzer de Música por su obra compositiva, recuerda aquí que también es un baterista de imaginación inagotable, capaz de transformar un simple acento en un giro narrativo. Y Akinmusire aporta su particular voz de trompeta, entre susurros etéreos y ráfagas intensas, siempre al borde de lo inasible.

 

La escritura de Oh busca siempre un arco narrativo. En Strange Heavens ese arco se extiende a lo largo de doce piezas que alternan autobiografía, crítica social y homenajes a sus influencias musicales.

 

«Portal», que abre el disco, refleja la ansiedad y la agitación que producen las redes sociales. La línea de bajo inicial marca un pulso obsesivo, sobre el cual Akinmusire introduce fragmentos melódicos quebrados, como si tratara de abrir un resquicio de humanidad en medio de la avalancha digital. Sorey responde con un fraseo quebrado, tenso, que evoca la fragmentación del tiempo en la era del «doomscrolling».

 

El tema titular, «Strange Heavens», aparece como contraste: un canto de vulnerabilidad y esperanza cautelosa. La melodía breve, casi susurrada, se expande sobre el pizzicato cálido de Oh y los juegos espaciales de Sorey en la batería. Aquí se percibe con claridad la paradoja del título: un cielo que suena extraño, pero que se erige como alternativa frente a los «infiernos conocidos».

 

«Living Proof» tiene un origen profundamente personal: es un tributo a la historia de superación de la madre de Linda. La pieza late con un pulso obstinado, donde la energía se mezcla con un aire de celebración contenida. La fuerza expresiva de Akinmusire alcanza aquí alturas de fanfarria, como si cada nota reclamara dignidad y memoria.

 

«El resultado no es un “retorno”, sino una expansión: una travesía que reafirma cuánto han crecido estos tres músicos desde que eran jóvenes promesas hasta convertirse en voces ineludibles de la música contemporánea»

 

«Acapella», inspirada en la canción «The Fiddle and the Drum» de Joni Mitchell, funciona como un remanso lírico, un himno íntimo que Linda describe como «sanador» para su familia. La interacción entre los tres músicos se vuelve aquí mínima, casi de respiración conjunta.

 

«Home», «Paperbirds», «Folk Song» y «Work Song» constituyen una suite no declarada, inspirada en el libro The Arrival, del australiano Shaun Tan. Esa novela gráfica sin palabras retrata la experiencia migratoria, la incertidumbre y el asombro ante una tierra desconocida. No es difícil leer en esa elección la propia biografía de Oh: nacida en Malasia de padres chinos, criada en Perth, y migrante a Nueva York desde 2006. En «Home», los patrones rítmicos se fragmentan y recomponen, como la vida de quien busca arraigo en un nuevo lugar. «Paperbirds» transmite la sensación de vértigo y agitación de lo desconocido. «Folk Song» resplandece en un solo de contrabajo con arco que condensa melancolía y gratitud. «Work Song» se aventura en lo abstracto, con frases disonantes que dibujan la dificultad y la lucha de la integración.

 

«The Sweetest Water» combina parábolas sobre la comunidad y la resiliencia. Su energía es tensa pero optimista, como un recordatorio de que lo esencial se conquista en conjunto.

«Noise Machinery» aporta un respiro juguetón: un groove con tintes de funk y rock que refleja la necesidad de sobreponerse al ruido del mundo cotidiano.

 

El álbum se cierra con dos homenajes significativos. «Skin», de la pianista Geri Allen, recupera la energía visionaria de una de las figuras más influyentes del jazz moderno. Aquí, la escritura original para piano se traduce en un contrapunto de bajo, trompeta y percusión que conserva su intensidad rítmica y su filo armónico. Finalmente, «Just Waiting», de la trombonista y arregladora Melba Liston, aporta un tono meditativo, casi de arrullo. Es un cierre cargado de simbolismo: dos mujeres pioneras cuyas huellas permiten que Oh y su generación desplieguen una voz libre.

 

A lo largo del disco se perciben ecos de otros tríos históricos, desde la economía lírica de Sonny Rollins en los años cincuenta hasta la calidez del cuarteto de Ornette Coleman con Don Cherry, Charlie Haden y Billy Higgins. Sin embargo, Strange Heavens no es un ejercicio de estilo, sino un manifiesto contemporáneo. La improvisación aquí es una forma de verdad: un decir que no se esconde detrás de la técnica, sino que la atraviesa para expresar vulnerabilidad, resistencia y esperanza.

 

Los críticos han coincidido en señalar la capacidad del álbum para conjugar lirismo y tensión, dulzura y riesgo. El disco fluye como un organismo vivo, que respira y se expande en cada interacción. Escuchar a Oh, Akinmusire y Sorey es asistir a una conversación donde cada frase está abierta a ser respondida, contradicha o prolongada, creando la ilusión de que hay más de tres voces en juego.

 

Con cuarenta años, Linda May Han Oh ha consolidado una carrera que la ubica entre las contrabajistas más influyentes del presente. Su versatilidad la ha llevado a colaborar con Pat Metheny, Dave Douglas, Joe Lovano, Terri Lyne Carrington y, de manera decisiva, con Vijay Iyer. Como docente, es miembro del Institute of Jazz and Gender Justice en Berklee, institución comprometida con la equidad en la música.

 

Su discografía previa había expandido horizontes con cuartetos de cuerdas, voces y ensambles amplios. Volver ahora al trío puede parecer un gesto de simplificación, pero en realidad es un ejercicio de depuración: quedarse solo con lo esencial, con lo que resiste cualquier artificio.

 

«La ausencia de un instrumento armónico tradicional no es carencia, sino espacio abierto: obliga a los tres intérpretes a sostener y renovar constantemente la arquitectura de cada pieza»

 

En este punto de su vida, Strange Heavens también refleja preocupaciones más amplias: la violencia, la incertidumbre política y el futuro de las próximas generaciones. «Hay mucho miedo al cambio. Pero tenemos que construir un mundo mejor para nuestros hijos», reflexiona Oh. Su música no da respuestas, sino que plantea preguntas necesarias y abre espacios de escucha y empatía.

 

En definitiva, Strange Heavens no se presenta como un refugio cómodo, sino como una invitación a aventurarse en lo desconocido. Su fuerza proviene de la confianza mutua de tres músicos que, en lugar de repetir fórmulas, apuestan por el riesgo y la comunicación radical.

 

La crítica especializada ya lo ha situado entre los grandes discos de 2025, y no es difícil entender por qué. Pocas grabaciones recientes logran articular con tanta coherencia una propuesta estética, una reflexión vital y un gesto político. El cielo que aquí se nos ofrece puede ser extraño, pero es también el lugar donde la música y la vida se encuentran para recordarnos que hay otras formas posibles de habitar el mundo.