
Beethoven, Tchaikovsky, Bruckner, Wagner, Korte
Czech Philharmonic Orchestra, Lovro von Matačić
6 CDS, SUPRAPHON, 2025
«La música sinfónica la hacen las orquestas, no los directores». La frase atribuida a Erich Kleiber contiene una gran verdad: una orquesta de excelencia siempre se basta a sí misma. Pero son contadas las agrupaciones cuyo timbre propio se impone más allá de la batuta. El dorado sonido de la Capilla de Dresde, la precisión otoñal del Concertgebouw, la potencia de la Filarmónica de Berlín, la ductilidad de la Filarmónica de Viena o la neblina romántica de la Gewandhaus son ejemplos. Y está la Filarmónica Checa, con sus colores vivos y contrastados, que convierten cualquier registro en un objeto de deseo para los melómanos más experimentados. No solamente se buscan los grandes nombres: Neumann, Ancerl, Talich, Sejna, Mackerras, Sawallisch, Kubelik, todos ellos publicados en sendas ediciones por el sello checo. Cuando se trata de la Filarmónica Checa da igual si dirige Pesek, Fournet o Pedrotti: los aficionados buscan esa alquimia orquestal única, capaz de iluminar incluso las opacas grabaciones monofónicas. Buena parte del secreto se debe a la acústica del gran salón dorado, del Rudolfinum de Praga, que logra lo imposible: la fusión de las individualidades sin que ellas pierdan jamás sus particularidades.
«En esta caja de 6 discos no hay registros menores»
En esta nueva caja de Supraphon, el protagonista es Lovro von Matačić, croata genial y sorprendentemente olvidado. Su estilo combina, para decirlo de un modo ilustrativo, el lirismo de Giulini con la claridad analítica de Szell. Y, sobre todo, sabe hacer cantar a la orquesta con una naturalidad que convence de que ciertas músicas no podrían ser de otra manera.
En esta caja de 6 discos no hay registros menores. La Eroica de Beethoven (1959) es un ejemplo: clara, angulosa, con energía romántica sin traicionar su armazón clásica. Ocho años después, Kletzki registraría otra referencia con la misma orquesta, pero aquí el testimonio ya es de primera magnitud.
«Este conjunto se impone como candidato a mejor edición histórica de 2025»
De Tchaikovsky escuchamos dos joyas: la Quinta (1960), plena de color en maderas y metales, con un solo de corno inolvidable, casi afrancesado; y la Patética (1968), superior aún en su análisis y en la toma de sonido, con una orquesta en estado de gracia. Ya existía el registro monofónico de Talich (1954), pero Matačić se sitúa a su lado, bebiendo de la misma fuente que mezcla precisión y expresividad. Basta oír el tercer movimiento, insuperable en su claridad y sentido agógico, mientras el vals del segundo está impregnado de calculada angustia, lograda en gran parte por un uso virtuoso de las dinámicas en la cuerda.
La edición incluye tres sinfonías de Bruckner que son un acontecimiento. La Séptima (1967), que allá por los años ochenta habíamos conocido gracias a la colección «Los tesoros de la música clásica» de SARPE, reaparece aquí con sonido restaurado y revela un Bruckner inmenso y a la vez cercano. Quienes nos criamos oyendo hasta el cansancio la noble fritura hispana nos reencontramos acá con un viejo amigo y volvemos a experimentar ciertas emociones adolescentes: el crescendo del primer movimiento, el adagio con su clímax coral que parece alcanzado por cien músicos en trance y un movimiento final que otorga coherencia a lo fragmentado, la sitúan en la cumbre de la discografía de la obra. La Novena (1980) confirma que Matačić leía a Bruckner en colores, no solo en los dramáticos claroscuros de los grandes brucknerianos: Wand, Karajan, Giulini, Walter. Por su parte, la Quinta (1970), pese a la discutible edición híbrida, maravilla por su arquitectura sonora, nuevamente por su calidez y su precisión rítmica.
La caja se completa con una elocuente Suite de El ocaso de los dioses, comparable en su fuerte personalidad a lo que grabara en su época Cluytens, y con la rareza de la única obra checa de la edición, de Oldřich Korte, Historia de flautas (1968), una pieza de lirismo transparente.
Este conjunto se impone como candidato a mejor edición histórica de 2025: un director olvidado, un repertorio magistral y una orquesta que aquí confirma su condición de tesoro sonoro europeo. Obligatorio para devotos de Bruckner, Tchaikovsky y de los grandes directores del siglo XX.