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Todo por la aclamación popular

Cómo destruir una democracia. Cinco líderes en busca del poder

Jorge Gómez A.
08 de enero, 2026

Título libro: Cómo destruir una democracia. Cinco líderes en busca del poder
Autor: Daniel Matamala
Año: 2025
Editorial: Planeta
Nº páginas: 220

 

El reciente libro del periodista Daniel Matamala, Cómo destruir una democracia. Cinco líderes en busca del poder, en principio plantea analizar liderazgos que, como dice el autor, se sostienen en el culto a la personalidad, en el odio a los adversarios y la polarización extrema que pone en duda las reglas de la democracia, sembrando el camino al autoritarismo.

 

Matamala dice que hay cinco escalones a considerar en el ascenso al poder autocrático de un caudillo: al principio, en el quinto escalón, éste se establece a sí mismo como centro de la acción política; en el cuarto agudiza la confrontación mediante una retórica ofensiva; en el tercero, cuestiona las instituciones democráticas y los contrapesos constitucionales; en el segundo, tuerce las reglas y la institucionalidad para perpetuarse en el poder; y finalmente, se impone como tirano.

 

En base a lo anterior se evidencia un primer gran error en el libro, pues el autor asigna cada una de esas fases a gobernantes actuales en América: AMLO, Milei, Trump, Bukele y Maduro. Cada uno sería ejemplo de estos en el mismo orden descrito anteriormente y, por tanto, según Matamala, cada uno sería un riesgo similar para las democracias de sus respectivos países.

 

Pero Matamala no explica el modo en que les asigna cada escalón a AMLO, Milei, Trump, Bukele y Maduro. Esto hace que su análisis se vuelva una amalgama más bien inconexa a la hora de intentar explicar el proceso de destrucción de una democracia. Por ejemplo, nunca expone si la democracia se destruye en base a cada uno de esos escalones de forma secuencial, o por la suma de alguno de estos de modo aleatorio, o más importante aún, si alguno de esos escalones sería razón necesaria y suficiente para que dicho proceso sea irreversible.

 

«Matamala no explica el modo en que les asigna cada escalón a AMLO, Milei, Trump, Bukele y Maduro. Esto hace que su análisis se vuelva una amalgama más bien inconexa a la hora de intentar explicar el proceso de destrucción de una democracia».

 

Tampoco explica si entre estos líderes considera algún patrón o rasgo común que pudiera ser un elemento de análisis para considerar qué tipos de liderazgos son más peligrosos para una democracia.[1] Así, al intentar englobar a los diversos liderazgos vigentes en la región como expresión de un mismo fenómeno autoritario y dictatorial, el libro de Daniel Matamala incurre en una total falta de distinción conceptual y analítica, que lo lleva a conclusiones y afirmaciones más que discutibles.

 

Primero, parece considerar que el auge de estilos de gobierno autoritario es algo nuevo, cuando no lo es.[2] Segundo, no considera el rol del peso institucional y de la propia sociedad en cuanto al desplome de una democracia. En otras palabras, no considera el modo en que las instituciones formales e informales favorecen o no la destrucción de una democracia o el desarrollo del autoritarismo.[3]

 

Lo anterior lo lleva a no considerar en toda su magnitud el caso más emblemático de destrucción de una democracia en el siglo XXI en América: Venezuela. Raro, porque fue en ese país donde surgió el primer dictador del siglo XXI en el continente, Hugo Chávez. En ese sentido, Maduro, quien es analizado por Matamala como ejemplo de la instauración del tirano que destruye una democracia, en realidad es simplemente el heredero de una dictadura ya construida por Chávez mucho antes, el cual siguió al pie de la letra el manual del dictador.[4]

 

Matamala tampoco analiza ni la personalidad de los líderes ni el contexto que azuza al demagogo o al narcisista. En ese sentido, parece considerar como un simple dato de la causa la captura y descomposición de las instituciones estatales y democráticas o el debilitamiento del Estado de Derecho y la economía, que es a partir de lo cual se sirve la retórica del demagogo que promete una democracia verdadera, la justicia social definitiva o el reino de la libertad.

 

Matamala no considera en sus análisis el modo en que la propia sociedad podría propiciar el auge de sujetos desequilibrados, narcisos e incluso psicópatas, que luego derivan en tiranos.[5] Algo que el fallecido psiquiatra polaco Andrew Lobaczewski, en una obra publicada luego de décadas de ser censurada bajo el comunismo, describía en detalle en su libro Ponerología Política. En este trabajo, Lobaczewski advierte de las sociedades que en períodos de histeria colectiva en que se pierde la capacidad de control autocrítico y predominan impulsos emocionales impredecibles; hacen que personalidades caracteropáticas encuentren terreno fértil para alzarse como lo que Lobaczewski llamaba fascinadores.[6] Chile tuvo ese período de histeria durante el estallido social que llevó a la cumbre de las decisiones a personajes a lo menos estrafalarios.

 

«Al intentar englobar a los diversos liderazgos vigentes en la región como expresión de un mismo fenómeno autoritario y dictatorial, el libro de Daniel Matamala incurre en una total falta de distinción conceptual y analítica».

 

En sentido estricto, todas las democracias abrigan en su seno a demagogos. La pregunta clave es por qué el demagogo tiene un auge en algún momento. Los pensadores clásicos asociaban dicho apogeo a la degeneración de las costumbres y el no respeto generalizado de las leyes.[7] En términos modernos, podríamos decir que el auge demagógico surge ahí donde las democracias se llenan de hooligans[8] que luego caen bajo el influjo de un charlatán que puede terminar por dar origen al gobierno de los peores.[9] Sin embargo, nada de esto se pregunta Matamala a la hora de reflexionar respecto a la destrucción de una democracia.

 

Todo lo anterior hace que el libro de Matamala sea más bien una crónica respecto al auge de tipos de liderazgo que podemos considerar demagógicos e incluso narcisistas. Pero no ofrece un análisis riguroso respecto al modo en que los demagogos ascienden al poder en el contexto de una democracia.[10]

 

En su intento más bien forzado de colocar en el mismo saco a todos los dirigentes políticos actuales, Matamala cae en lo que Santiago Gerchunoff llama el detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo.[11] Estaría presumiendo detectar señales que podrían acabar en un Auschwitz contemporáneo. Pero en el fondo, aquello más que un análisis para evitar que la democracia caiga bajo el ascenso de charlatanes y desequilibrados, sería simplemente una muestra de buenismo cuidando su propia imagen.  Todo por la simple aclamación popular.

 

 

[1] Kershaw, I. (2022). Personalidad y poder. Forjadores y destructores de la Europa moderna. Barcelona: Planeta.

[2] Rachman, G. (2021). La era de los líderes autoritarios. Cómo el culto a la personalidad amenaza la democracia en el mundo. Barcelona: Planeta. 

[3] Daron Acemoglu, D. y Robinson J.A. (2019). El pasillo estrecho. ¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo? Barcelona: Deusto.

[4] Bueno de Mesquita, B. y Smith, A. (2013). El manual del dictador. Por qué la mala conducta es casi siempre buena política. Madrid: Ediciones Ciruela.

[5] Hayek, F. (1944) [2008]. «Por qué los peores se colocan a la cabeza». Capítulo X. Camino de servidumbre. Madrid: Unión Editorial.

[6] Lobaczewski, A. (2013). La Ponerología política. Una ciencia de la naturaleza del mal adaptada a propósitos políticos. Les Editions Pilule Rouge: Amazon Kindle.

[7] Bobbio, N. (2006). Teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político. México: Fondo de Cultura Económica.

[8] Brennan, J. (2018). Contra la democracia. Barcelona: Deusto.

[9] Bovero, M. (2002). Una gramática de la democracia. Contra el gobierno de los peores. Madrid: Editorial Trotta.

[10] Temprano, E. (1999) Contra la demagogia. Introducción al arte de manipular a las masas. Madrid: Tecnos.

[11] Gerchunoff, S. (2025). Un detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo. Para qué no sirve la historia. Barcelona: Anagrama.