
Un nuevo flagelo azota el sistema judicial chileno y no por casos de corrupción política, encubrimientos, ni filtraciones. La razón es una nueva tendencia, movilizada por poderosas fuerzas humanas inspiradas por un objetivo aún desconocido. Sin duda, estos nuevos fenómenos no tienen un real beneficiario, afectan la eficiencia del sistema penal, destruyen vidas humanas– quizás para siempre– y, por su puesto, violan las posibilidades de una infancia tranquila de aquellos niños que, instrumentalizados, son protagonistas de las cada vez más repetidas falsas denuncias.
En esta obra investigativa, Javier Rebolledo, presenta diferentes casos de denuncias de abuso sexual infantil perpetrado, supuestamente, por los padres de las presuntas víctimas. Acusaciones que luego se reconocen como falsas. Lo escandaloso es que, según el autor, ésta se ha transformado en una práctica cada vez más recurrente, utilizada como una estrategia penal y de negociación en juicios familiares. Además de los evidentes efectos lamentables que esta tendencia puede generar en la vida de miles de familias, ésta acelera el deterioro de un sistema que se atocha, impidiendo su funcionamiento para la solución de casos verdaderamente graves y por supuesto, urgentes.
«Para él, está investigación le demostró una nueva forma de violación de los derechos humanos dado que se comete una injusticia de parte de agentes del Estado, violando los derechos constitucionales de los individuos, como la presunción de inocencia, la igualdad ante la ley y el derecho a la debida defensa».
Lo que Javier Rebolledo publica en este libro, abre una ventana a un mundo aún desconocido, pero cuyos efectos pueden ser inconmensurables para nuestra sociedad. La preocupación por el fenómeno de las denuncias falsas no es una cuestión política, ni de derechas o izquierdas, sino de principios que, como la igualdad ante la ley y la presunción de inocencia, han sido fundantes del respeto al individuo, la democracia y el progreso nacional.
La obra desarrolla distintos casos, siendo los más llamativos el de Jorge Tocornal Babra y el de Rodrigo Conus, dos hombres quienes, con historias muy disímiles, se vieron enfrentados a lo que Rebolledo describe como lo más cercano a la muerte en vida. Ambas historias inician con casos de divorcio que, luego, desembocaron en la acusación de uno de sus hijos. Sin embargo, se distinguen en que Rodrigo Conus logra ser absuelto antes de cumplir su pena; mientras que Jorge Tocornal debió cumplirla en su totalidad y, sin ser esto suficiente, padeció de un cáncer que le impidió conocer el fallo que comprobaba su inocencia, el que aún no ha sido publicado.
Estos ejemplos representan la historia de muchos otros chilenos quienes son perjudicados por una de las más graves infamias que un hombre, sobre todo un padre, pueden enfrentar. Las cifras no son definitivas, pero, sin duda, algunos números muestran cierta incoherencia en los datos de los archivos penitenciarios. Por ejemplo, un estudio en Chile de la Unicef sobre violencia de progenitores a sus hijos (2004-2012) arrojó que el 8,7% había sufrido abuso sexual, indicando que los agresores eran hombres y tendían a ser, prevalentemente y en orden decreciente: tíos, primos mayores, padrastros, hermanos y hermanas.[1]Ni madres ni padres figuraban en estos datos de abuso, lo que no se condice con los números de denuncias de abuso sexual hacia los padres, insinuando una pregunta, ¿por qué tantas acusaciones a padres? Esta pregunta aún sigue abierta, dice el autor.
Con todo, lo lamentable de estos hallazgos no es solo que dan cuenta de una grieta en el corazón del sistema penal por deficiencias administrativas o errores en la recaudación de pruebas (que sí los hay). Sino que gran parte de estos casos, en Chile, han estado obscurecidos por el avance de la ideología de género que enturbia muchas veces el juicio de las autoridades a cargo. De alguna manera, existe la tendencia a determinar al padre como potencial culpable y no como presunto ¿inocente?, haciendo que en estos casos la carga de la prueba esté desmedidamente en el acusado.
«Falsas Denuncias no es solo una investigación sobre errores e injusticias perpetradas por el sistema penal o de los Tribunales de Familia; también es una obra que pone en relevancia el mal que puede hacer el poder, la burocracia y la ideología cuando como sociedad traicionamos los valores fundantes de nuestra civilización».
Para Javier Rebolledo, autor reconocido por sus trabajos en corrupción empresarial y violación de los derechos humanos, esta nueva crítica al sistema chileno le trajo variadas sorpresas. Para él, está investigación le demostró una nueva forma de violación de los derechos humanos dado que se comete una injusticia de parte de agentes del Estado, violando los derechos constitucionales de los individuos, como la presunción de inocencia, la igualdad ante la ley y el derecho a la debida defensa. Con todo, la presunción de inocencia termina cuando el padre acusado pierde todo contacto con sus hijos y es catalogado como «potencial abusador» por organismos independientes; la igualdad de la ley se destruye con la sobre representación femenina que existe en los tribunales; y el derecho a la defensa desaparece cuando quien es acusado es incapaz de pagar su defensa, la cual le exige la participación de empresas de peritaje.
En este libro, el periodista ha desarrollado una investigación sobrecogedora, seguramente porque devela una injusticia que está ocurriendo en tiempo real, soterrada en un sistema que no da abasto para trabajar en aquellos casos realmente urgentes. A pesar de esta tragedia, la obra también nos regala desenlaces esperanzadores, que logran develar la verdad, abriendo la posibilidad de un nuevo comienzo. Sin embargo, estas historias también nos hacen preguntarnos ¿cuantos más de ellos existirán? ¿debemos seguir confiando en la justicia chilena? ¿acaso alguien indemniza el horror experimentado por estos hombres inocentes? Así, muchos chilenos se han convertido en esclavos de una estructura con el poder suficiente para enterrar una vida, pero sin la capacidad para ayudarlo a rehacerla en caso de merecerlo.
Falsas Denuncias no es solo una investigación sobre errores e injusticias perpetradas por el sistema penal o de los Tribunales de Familia; también es una obra que pone en relevancia el mal que puede hacer el poder, la burocracia y la ideología cuando como sociedad traicionamos los valores fundantes de nuestra civilización. En los últimos años han surgido movimientos que han amenazado los valores democráticos de la dignidad, la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia, el respeto por el Estado de Derecho y, ante todo, el compromiso con la verdad. En primera instancia, lo anterior parece una consigna demasiado abstracta como para tener incidencia en la cotidianidad, pero son trabajos como este, los que nos demuestran la fragilidad de los sistemas que nos han traído progreso, civilidad, paz y justicia. Asimismo, al igual que la libertad, la verdad se esfuma por quienes no luchan por defenderla.
[1] Página 236. En este estudio se encuestó a jóvenes de octavo básico sobre sus experiencias de maltrato y abuso infantil.