
Acaso para compensar la titánica empresa que implica la publicación de las Obras Completas de Andrés Bello —iniciada en 2022 con el Epistolario y que ya cuenta con cinco volúmenes digitales de acceso gratuito en la página de la Biblioteca Nacional—, Iván Jaksic, su editor general, nos entrega al mismo tiempo esta apretada biografía del caraqueño, en un librito que no sobrepasa las doscientas páginas y cuyas dimensiones caben en la palma de una mano. Ya en vida la figura de Bello había seguido un proceso de «monumentalización» que se prolongaría por décadas, y sus estudiosos han reconocido en ello el principal obstáculo que los lectores enfrentan cuando acometen una obra que perciben fosilizada y despojada de emoción. El color encendido de la portada y la tipografía de bordes imprecisos de esta reciente publicación parecen querer contrarrestar esta inercia, y así devolver a un público más amplio una imagen menos solemne y vasta de nuestro principal prócer intelectual.
«Los siete capítulos de que se compone el libro logran el cometido que el autor promete en el prólogo: restituir una figura integral de Bello hecha en base a los múltiples intereses que cultivó, situando el estudio de estos últimos en íntima conexión con los sucesos personales que marcaron su vida»
Si hay buenos motivos para considerar que parte de su escritura, aun manteniendo su claridad, no ha envejecido especialmente bien, su biografía en cambio encadena una serie de acontecimientos trágicos e inesperados que no pueden sino mover nuestra simpatía y asombro, sobre todo si consideramos que tales imprevistos terminaron forjando una parte no menor de la historia de nuestro país. «Estoy ya a las puertas de la vejez, y no veo otra perspectiva que la de legar a mis hijos por herencia la mendicidad» (74), escribe un Bello de 46 años a Simón Bolívar, después de años de penurias e inestabilidad crónica en su prolongada estadía en Londres. El autor de nuestro Código Civil, el primer rector de la Universidad de Chile, el brillante gramático, el senador, pisaría entre aliviado y escéptico el suelo chileno bordeando la cincuentena, y nada podía augurar que este inmigrante venezolano sería uno de los principales artífices de instituciones que sobreviven aún hoy.
Los siete capítulos de que se compone el libro logran el cometido que el autor promete en el prólogo: restituir una figura integral de Bello hecha en base a los múltiples intereses que cultivó, situando el estudio de estos últimos en íntima conexión con los sucesos personales que marcaron su vida. Así, el librito puede servir como un breve manual de consulta, en la medida en que consigna, con la ayuda de subtítulos, las obras fundamentales de su autoría, los hitos históricos más relevantes y los distinguidos personajes con los que trató el intelectual en diferentes momentos de su biografía. Aparecen, entre otros, Humboldt y Bolívar, Bentham y los Mill, Sarmiento y Lastarria, sin nombrar a los presidentes de la república y ministros chilenos que pedían cotidianamente su consejo. Por otra parte, la brevedad del texto admite también una lectura de corrido para quienes quieran formarse una idea de su personalidad y sus convicciones. Jaksic recorta de sus incesantes textos dedicados a Bello y los va acomodando uno al lado del otro, lo que le resta algo de fluidez al relato. A cambio, podemos estar seguros de que no falta nada esencial en la trayectoria del venezolano, pues entrevemos en la información proporcionada la labor documental que la ha sostenido por años.
En cuanto al perfil personal que se dibuja, conmueven, entre otros, los pasajes en que se narra la nostalgia que siente Bello por su geografía natal, cuyos ríos y paisajes repite una y otra vez a medida que va perdiendo sus fuerzas y se resigna a no volver a su patria. La escena en que se describe el encuentro en Venezuela de su hijo Carlos con la madre de Bello —encuentro que le es referido por carta— constituye la cima emocional de su biografía, y devuelve la figura de un hombre que siempre hemos visto contenido, pero que sin duda vivió el tormento del exilio y el corte neto con la tierra de la infancia.
«Conmueven, entre otros, los pasajes en que se narra la nostalgia que siente Bello por su geografía natal, cuyos ríos y paisajes repite una y otra vez a medida que va perdiendo sus fuerzas y se resigna a no volver a su patria»
Aunque el libro de Jaksic avanza cronológicamente muy apegado a los hechos, alejándonos de una biografía de tipo ensayística, cabe reconocer como un acierto el lugar que le concede a los estudios del intelectual sobre el Cantar de Mio Cid, así como el uso de tal interés como una clave interpretativa de la vida y la visión de Bello sobre las naciones hispanoamericanas. El poema fundacional de España habría sido un faro simbólico para Bello, en la medida en que demuestra la íntima unión que debe existir entre lengua, nación y leyes. En efecto, la epopeya anónima es el pilar de lo que llegarían a ser después las particulares del castellano y tiene como contenido la historia de la formación de una nación mediante la reconquista de los territorios. Recuérdese, además, que todo el tercer cantar del Cid está dedicada a la puesta en escena de un juicio, que ritualiza la importancia de la justicia y ley para la nación. No se olvide, por último, que el héroe del poema es un exiliado (como Bello), que busca su validación por medio de la fidelidad a un cierto orden que contribuye a construir.
La figura de Andrés Bello sigue animando en Chile indagaciones acerca de su vida y su vastísima obra, como lo prueban las recientes biografías que le han sido consagradas (Andrés Bello: libertad, imperio, estilo [2019] de Joaquín Trujillo Silva, las reediciones de Andrés Bello. La pasión por el orden, del propio Jaksić, entre otras) y la publicación en curso de sus Obras completas, bajo el sello de la Biblioteca Nacional. Este brevísimo texto que reseñamos, sin embargo, se hace cargo de una necesidad hasta ahora no del todo satisfecha, aunque por décadas buscada, relacionada al proceso de desmonumentalización que es urgente realizar ante un intelectual que marcó tan hondamente el destino de las instituciones de Chile. Bajarlo del pedestal para leer sus cartas, asomarnos a su sufrida formación londinense, evaluar cómo interpretó los hechos de la independencia y de qué manera fue adaptando su visión de futuro para las naciones que surgían a principios del siglo XIX. Frente a tal cometido, este libro que ahora se nos ofrece es una guía precisa y acotada para encarar los infinitos cauces de un espíritu desbordante.