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Neocriollismo

Tierra de campeones

Felipe Joannon O.
21 de noviembre, 2024

Título libro: Tierra de campeones
Autor: Diego Zúñiga
Año: 2023
Editorial: Random House
Nº páginas: 280 páginas

 

 
Uno de los efectos en Chile de la irrupción y de la rápida consagración de los escritores del Boom latinoamericano en los 60, fue la de echar un inesperado manto de vejez sobre uno de los movimientos más prolíficos y quizá más populares de la historia de nuestra joven literatura. Hablo del criollismo, esa estética narrativa surgida alrededor del centenario, empeñada en fraguar una identidad nacional a partir de la representación de las realidades campesinas, y que pudo extenderse bien entrado el siglo XX (Frontera, de Luis Durand, es de 1949). En su libro Historia personal del Boom, publicado unos 15 años después del inicio de este fenómeno, José Donoso logra transmitir con eficacia, por una parte, la hegemonía agobiante que ostentaban los escritores criollistas que lo precedieron y, por otra, la raíz del entusiasmo que impulsó a los autores de su generación a abandonar los valores que alentaba esa literatura «costumbrista». Con los años, el propio Donoso sabría alzarse como el epítome del novelista chileno, relegando a muchos criollistas a las deslavadas páginas de los manuales escolares o a nostálgicas antologías del cuento rural chileno.

En los últimos años, sin embargo, hemos asistido a lo que podríamos llamar un germen reivindicativo, si no del criollismo, sí de sus principales temas, nacido tal vez de una reacción análoga a la de Donoso, esto es, para sacudirse el peso de las narrativas dominantes. Los recientes rescates editoriales de escritores como González Vera (Alhué y otras prosas, UDP, 2017), Federico Gana (Días de campo, UDP, 2018), Mariano Latorre (Zurzulita, UAH, 2021) y Marta Brunet (María Nadie, UNAM, 2023); y el retorno del eje provincia/capital como clave interpretativa de la identidad nacional —que emerge en diversas narrativas contemporáneas (como la de Álvaro Bisama y Marcelo Mellado)— señalan caminos alternativos a una literatura que, a comienzos de este milenio, privilegió decididamente el espacio metropolitano de la capital y el recurso tan extendido de la autoficción. El contraste que marcó la publicación de Jeidi, de Isabel Bustos, en 2017, es significativo del cambio de rumbo: una de las mejores novelas de los últimos diez años estaba ambientada fuera de la urbe, en la región del Maule, la predilecta de Mariano Latorre, atendía a las dinámicas de un pueblo perdido entre los cerros y empleaba un narrador en tercera persona, distante e irónico.

Tierra de campeones, de Diego Zúñiga —que acaba de obtener el segundo lugar en la categoría novela del premio que otorga el Ministerio de las culturas—, puede leerse en la estela de esta reacción. La tercera novela de Zúñiga narra la vida de «Chungungo» Martínez, un niño nacido en Calama que aprende a nadar en el Loa, y cuya prodigiosa capacidad para mantener la respiración bajo el agua lo llevará a representar a Chile en el mundial de Caza submarina de 1971, certamen que vence junto a dos compañeros y lo alza como el héroe de Iquique, ciudad donde tiene lugar la hazaña. La primera parte de la historia, en que se relata la infancia huérfana de Martínez y la acogida que le brinda una remota comunidad de pescadores (que hará las veces de la familia adoptiva del muchacho), tiene todos los ingredientes de una novela criollista: exaltación del paisaje (la infinitud del desierto frente al mar), descripción de una sociedad que vive en el margen (la caleta de pescadores artesanales), preocupación por consignar minuciosamente la flora y fauna local (el propio chungungo, nos explica el narrador, es de hecho un animal típico de la zona), atención al habla coloquial, y, por sobre todo, afán por dar cuenta del orgullo identitario de una comunidad no central (primero la caleta de Santa María, pero sobre todo Iquique, vista desde la escala nacional).

La incursión —consciente o inconsciente— en los senderos criollistas, incluye en este libro algunas de las virtudes y varios de los defectos que se le achacaban y le achacan a esa escuela (que, en todo caso, ha dado obras altísimas, como las mencionadas al inicio). La historia escogida es lo suficientemente cautivadora como para captar la atención de un lectorado amplio y la evocación del paisaje costero nortino hace justicia al asombro que el referente real suscita. No obstante, la pedagogía naturalista con que se exponen las particularidades del terreno y la comunidad local (la insistencia con que, una y otra vez, se nos da una lista de los peces típicos de la zona, por ejemplo), o el uso forzado de ciertos giros coloquiales, vuelve demasiado evidente que el autor está escribiendo para un lector del centro (¿Santiago? ¿EE.UU.? ¿Europa?), minando las eventuales fuentes de ambigüedad de la sociedad retratada. Las palabras con que se describe la labor del documentalista italiano que filma el mundial son perfectamente aplicables al narrador: «La cámara de Rossi se mueve con naturalidad pero también con un cierto afán antropológico, o quizá demasiado turístico: quiere mostrarle al mundo [esta realidad periférica]». Moraleja: no basta con tener conciencia de una trampa para evitar caer en ella.

A distancia de un siglo de la escuela criollista —y de sus más o menos felices actualizaciones contemporáneas— un aspecto se vuelve cada vez más nítido: su éxito está ligado firmemente al centralismo del país. Como afirma Mario Verdugo, «el afuera contradictorio en que se sitúan los rincones reclama un adentro ya chilenizado en el cual se acopiarán las imágenes. De allí se sale en pos de tierras vírgenes y allí se llega con las fortunas recogidas». Y puesto que nada augura un cambio serio hacia la descentralización, cabe suponer que la perspectiva criollista seguirá siendo uno de los enfoques fundamentales de nuestra literatura. Es de esperar, con todo, que quienes quieran transitar por esta vía exhiban un alto grado de conciencia en sus obras. De otra forma, la idea de que «la aldea bien descrita es la conquista de lo universal», que defendía Latorre, no pasará de ser una máxima productora de libros para satisfacer un mercado global superficialmente curioso, pero francamente indiferente respecto de las dinámicas que ocurren en el margen.