Iniciar sesión

Si ya eres usuario registrado ingresa tu e-mail y contraseña.

Tiempos difíciles

Arqueología de la violencia e Chile

Monserrat Risco Parada
Profesora e investigadora Faro UDD Á. - N.10.

 

 

Título: La revolución inconclusa

Autor: Joaquín Fermandois

Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2023

 

La revolución inconclusa apareció por primera vez el 2013 bajo el sello editorial del Centro de Estudios Públicos. Desde ese momento, la impresionante obra —cuya edición tenía más de 800 páginas— se constituyó en consulta obligada, de estudio y de trabajo, para todos quienes se interesan por el desarrollo político de nuestro país y cómo devino en crisis hacia la década de los 60 y los 70. Porque, precisamente, lo que destaca de esta investigación del profesor Joaquín Fermandois es que sitúa a la crisis política, social y económica de la Unidad Popular en un contexto histórico mayor y ofrece una visión integral, que no se encuentra presente en otras obras de carácter militante o monográfico (o ambos).

Dicha edición se agotó, felizmente, muy rápido. En 2019, por iniciativa del Centro de Estudios Bicentenario, apareció una nueva edición en tres tomos, que se ha reeditado este año con motivo del cincuentenario de la intervención militar. Este nuevo formato merece un comentario especial: si bien el contenido se ha mantenido inalterado respecto a su edición original, ha sido separado en tres partes. Creo que esta división permite aproximarse al fenómeno de la izquierda en Chile, el gobierno de la Unidad Popular y la figura de Salvador Allende de una manera pedagógica y amable, lo que se hace más necesario aun frente a la inmensa cantidad de información y reflexiones que incluye el profesor Fermandois en su minucioso trabajo.

 

«El autor es claro en señalar que la interpretación de Chile como una sociedad en crisis “no tiene dueño exclusivo” (tomo 1, p. 65), pero esta obra está protagonizada por la izquierda y a partir de ella es que hay que entender dicha lectura»

 

Escenario y proceso: una larga preparación es el título del primer tomo de esta trilogía. Este tomo «introductorio» para entender el fenómeno de la Unidad Popular, encuentra las raíces de la izquierda chilena en el siglo XIX, cuya polaridad con la derecha se remonta hacia el nacimiento de la República (tomo 1, p. 71). Contiene conceptos necesarios para entender la desestabilización política y social de los 60 y los 70: «democracia» y «crisis». Para la continuación de la primera y terminar con la segunda, la amplia gama de partidos de izquierda intentó promover sus proyectos y visiones en la sociedad. El autor es claro en señalar que la interpretación de Chile como una sociedad en crisis «no tiene dueño exclusivo» (tomo 1, p. 65), pero esta obra está protagonizada por la izquierda y a partir de ella es que hay que entender dicha lectura.

Un aspecto clave, sin dudas, para comprender aquello es tomar en consideración que «en la medida en que la Revolución Cubana tomó un camino marxista y se aproximó al bloque soviético hasta llegar en la práctica a ser una parte de él, casi toda la izquierda chilena se identificó con la isla» (tomo 1, p. 114). A la épica propia de la revolución en los años 60, se sumó el agotamiento del concepto clásico de democracia: la institucionalidad estaba debilitada y algunos sectores políticos buscaban acentuar la crisis para llegar al poder y establecer un nuevo modelo. De alguna manera esto también fue la expresión de la internacionalización de la política chilena: se sumó un sentimiento antinorteamericano en la población, intelectuales y líderes se empaparon de ejemplos extranjeros —de la Revolución Rusa a la experiencia cubana y a la Yugoslavia de Tito— y se ajustaron las nuevas exigencias de la política a la realidad nacional. Quizás el encuadramiento del comunismo dentro de las vías legales fue la expresión más chilena de la época (tomo 1, p. 276).

La elección presidencial de 1964 sin duda fue un punto de inflexión para los partidos políticos de izquierda y extrema izquierda en su pretensión de instalar el marxismo en Chile. A través de diferentes coaliciones, la izquierda había intentado llegar al gobierno e instaurar su proyecto revolucionario, cada una hija de su tiempo. Pero a partir de la importante votación obtenida en la elección presidencial de 1964, en que Allende casi alcanzó la simbólica cifra del millón de votos, la izquierda marxista unida —socialistas y comunistas— entendieron la importancia de materializar su revolución para cambiar el rumbo del país, lo que necesariamente significó cambiar de estrategia y abandonar, en cierta medida y, en ciertos flancos, las reglas impuestas por la «democracia burguesa».

 

Los estragos de una visita

 

 

El tomo 2, Alborozo y shock: de la movilización a la contramovilización, inicia con la elección de 1970, aquellos «sesenta días que conmovieron a Chile y al mundo»,[1] y recorre el primer año de gobierno de Salvador Allende hasta la «epopeya de las ollas vacías».[2] Este vaivén en el sentimiento político puede manifestarse en la pregunta «¿hacia dónde marcha el mundo?» (Tomo 1, p. 59), es decir, hacia dónde se debe ir, cuáles son los grupos o escenarios más representativos de la sociedad chilena. Ese apoyo y rechazo da cuenta de una sociedad que está en búsqueda de su norte.

Se pueden diferenciar, entonces, dos momentos. El primero, la campaña y la elección, en que la Democracia Cristiana tuvo sus acercamientos con Salvador Allende a través de Radomiro Tomic y luego en la elección del Congreso Pleno materializada en el Estatuto de Garantías Democráticas. Esto dejó offside desde un comienzo a Jorge Alessandri. Como explica el autor, el candidato de la Falange habría querido representar al electorado de izquierda, lo que incluso se puede ver en que «muchos elementos del Programa y de la semántica de Radomiro Tomic se parecían más a los del Programa de la Unidad Popular que a los discursos de Jorge Alessandri» (tomo 2, p. 56). Mientras, el «Paleta» no estaba respondiendo al clima de la época ni a la modernización de la política, lo que devino en una performance cada vez más monótona en comparación con las apariciones de sus contrincantes, que se revestían de épica y hacían vibrar a los electores. Fermandois sostiene que los medios de comunicación fueron clave en potenciar ese desequilibrio entre las candidaturas: «desde comienzos de los 1960 se formó un ambiente en gran parte de la clase política para eliminar, a través del debate público y los medios de comunicacionales, la presencia de la derecha en el mundo político» (tomo 2, p. 48). De ahí la importancia de la contramovilización que se organizó hacia fines de 1971 en la derecha, representada usualmente en la marcha de las mujeres, pues cambió la imagen de aquel sector y tomó el control del mensaje que quería transmitir al resto del país.

 

«La oposición se tomó las calles, marchó y se manifestó sin miedo a las represalias. Grupos paramilitares como Patria y Libertad y otros no temieron enfrentarse e, incluso, intentar un golpe (“Tanquetazo”). La guerra civil política se expresó en cada área de la vida de los chilenos y los militares retomaron el protagonismo político que habían tenido en 1891 y 1924»

 

 

Para muchos autores, 1971 fue un veranito de San Juan para la UP o de un «optimismo fundado» puesto que «la producción aumentó, el desempleó bajó, el producto creció y desde el exterior todo parecía sonreír» (tomo 2, p. 151). No obstante, la elección de 1971 fue el giro que marcaría el clima político y social hasta el 11 de septiembre de 1973. Si bien el resultado municipal dio como triunfador a la Unidad Popular (49%), Frei Montalva emergió nuevamente como el líder indiscutido de los falangistas y como un enconado opositor al gobierno, dejando obsoleta las pretensiones de la DC de representar a una parte del electorado de izquierda lo que, tal vez, sólo representó a Tomic en 1970. La oposición (48% de las preferencias) comenzaba a articularse, a su vez, a través de la política del Partido Nacional, comandado por Sergio Onofre Jarpa, quien abandonaría la desidia anterior por la DC en búsqueda de un objetivo común.

La oposición se articuló posteriormente a la visita de Fidel Castro, que causó estragos en la aprobación de Allende y desató lo que trata el último tomo, titulado Estallido y consecución de la guerra civil política. Esta era «una bipolaridad que era una polarización en el sentido más agudo de la palabra» (tomo 2, p. 56). Las expresiones de este enfrentamiento en la sociedad civil son relatadas por el autor en los capítulos XVIII y XIX del segundo tomo al referirse al escenario al interior de las universidades y a la mencionada marcha de las cacerolas vacías. Pero este enfrentamiento latente se dio en todos los frentes: en las universidades, en las calles, en el Congreso y en el Poder Judicial y en la educación. El estallido al que hace alusión Fermandois puede encontrarse en los innumerables y largos paros que impidieron el desarrollo de la vida cotidiana desde octubre de 1972 hasta septiembre de 1973. La escasez también fue otro flanco al cual el gobierno tuvo que hacer frente y que no satisfizo a la población, sino que más bien la enardeció aún más.

El golpe final fue la oposición a la Escuela Nacional Unificada (ENU). Si bien es cierto que este proyecto aparecía en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular (1969) hay que entender que «desde el siglo XIX, la educación ha sido uno de los temas políticos destacados en la historia de Chile» (Tomo 3, p. 104). Como antaño, la pretensión desde el Estado de orientar la educación hacia un único fin —la transición al socialismo, en este caso— enfrentó a estudiantes, padres y apoderados y políticos, incluyendo a la Iglesia y a las diversas comunidades afectadas. La ENU, podemos afirmar, es la expresión de lo que Fermandois describe como un «fenómeno político total» (tomo 1, p. 19).

Sumado a lo anterior, en el tomo 3 da cuenta del poder social que adquiere la oposición definida y articulada: combatió en los mismos términos cultivados por el oficialismo. La oposición se tomó las calles, marchó y se manifestó sin miedo a las represalias. Grupos paramilitares como Patria y Libertad y otros no temieron enfrentarse e, incluso, intentar un golpe («Tanquetazo»). La guerra civil política se expresa en cada área de la vida de los chilenos y los militares retoman el protagonismo político que habían tenido en 1891 y 1924, como símbolos de estabilidad (tomo 3, pp. 132-142) o como los llamados a poner fin al caos político y social (tomo 3, pp. 252-261), si bien Fermandois señala que «los portadores del levantamiento contra el gobierno de la Unidad Popular no eran sólo los militares», sino que era «una vasta acción que incluía a gran parte de la derecha y contaba con la tolerancia de muchos dirigentes de la Democracia Cristiana» (tomo 3, p. 252).

 

Nueva democracia

 

La lectura de La revolución inconclusa en 2023 no es casual. Las librerías se han llenado de obras —nuevas y viejas— que se remiten al 11 de septiembre de 1973, al gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular. Es por esta razón que me parece que el primer tomo es el que adquiere mayor relevancia en el contexto actual. La reflexión en torno a los 50 años de la intervención militar requiere necesariamente un análisis desde el punto de vista del fin de un periodo y el inicio de otro, es decir, como un momento bisagra. ¿Bisagra entre qué? Entre una democracia moribunda y una nueva democracia. La década que antecedió al 11 de septiembre de 1973 estuvo marcada por el debilitamiento institucional, la validación de la violencia y la polarización de la sociedad civil. El gobierno militar emprendió el proyecto de crear una nueva institucionalidad democrática y social que tuvo años de preparación. En este sentido, los 50 años de la intervención militar invitan a nuevas reflexiones en torno a la democracia en Chile y su historia. Me inclino hacia una interpretación que considera 1980 como el punto de partida de una nueva democracia que se expresa con claridad hacia 1988.

La violencia en el periodo 1964-1973 merece una mención aparte. Para la elección de 1970 este fue un elemento fundamental que generó miedo y distancia con el proyecto revolucionario de la «vía chilena al socialismo». Incluso en diciembre de ese mismo año —con Allende ya electo por el Congreso Pleno— un grupo de comunistas se enfrentó con el MIR en Concepción, dando cuenta de dos almas que convivían al interior de la Unidad Popular y que fueron inmanejables desde La Moneda. Desde el XXII Congreso del Partido Socialista, celebrado en Chillán en 1967, aquella colectividad había adoptado la vía armada como «inevitable y legítima», lo que también supuso un encontrón con los comunistas que pregonaban la idea de una vía «democrática» con mayor lealtad que el mismo PS con su Presidente. Las amnistías entregadas por Allende a «jóvenes idealistas» también resultaron en expresiones aún más violentas, como el asesinato al ex ministro del Interior Edmundo Pérez Zújovic a manos de la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), que terminó por dinamitar la relación UP-DC. La violencia en el campo y en las fábricas surgida de las expropiaciones dieron también a los chilenos una forma extralegal de resolver conflictos: las armas estaban presentes en cada momento.

La violencia fue un elemento central de la «guerra civil política», que sin duda fue azuzada por los múltiples simbolismos entregados por Allende, como su amistad con Fidel y sus propios modelos a seguir (Ho Chi Minh y el Che Guevara). Aunque Fermandois sostiene que «siempre había dicho que ése no era el camino para Chile» (tomo 2, p. 152), el presidente contradictoria y peligrosamente dirigió a la sociedad hacia aquella ruta.

 

[1] La expresión es el título de un artículo sobre lo sucedido entre septiembre y octubre de 1970. Ver Alejandro San Francisco, «La elección presidencial de 1970. Sesenta días que conmovieron a Chile y al mundo», en Alejandro San Francisco y Ángel Soto (editores), Camino a La Moneda. Las elecciones presidenciales en la Historia de Chile 1920-2000 (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario/Instituto de Historia PUC, 2005), pp. 333-370.

[2] En 1974, la periodista peruana Teresa Loero Donoso publicó un libro sobre la marcha de las cacerolas vacías de diciembre de 1971, lo tituló La epopeya de las ollas vacías (Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1974) y en 150 páginas dedicadas a la “mujer chilena desconocida que combatió en las calles de su país por darle libertad” relata el actuar de la oposición femenina al gobierno de Allende y el rechazo a la extendida visita de Fidel Castro en Chile, lo que fue fundamental para articular una oposición social fuerte.